Con la llegada de la primera temporada de lluvias de 2026, que según el Ideam (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales) se extenderá hasta mediados de junio, Santander entra en un periodo de mayor precipitación que ya genera preocupación en varias zonas del departamento.
Aunque las condiciones climáticas generales son neutrales, los pronósticos indican incrementos en las lluvias, sobre todo en la región Andina, lo que eleva el riesgo de inundaciones, crecientes súbitas, avenidas torrenciales y movimientos en masa en zonas históricamente vulnerables.
La Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga (CDMB) emitió la circular No. 002 del 26 de marzo, con lineamientos dirigidos a los municipios (13) de su jurisdicción y a la Gobernación de Santander.
El objetivo es fortalecer la prevención y la respuesta ante posibles emergencias, articulando acciones entre autoridades locales y comunidades.
La autoridad ambiental identifica varios puntos críticos donde históricamente se han presentado eventos de inundación y torrencialidad.
Entre ellos destacan el río de Oro a la altura de Girón, el río Suratá, el río Vetas, el río Charta, el río Frío, el río Manco, el río Lato, el río Tona y el río Salamaga (sector El Bambú), así como el río Rionegro y la quebrada Grande con sus afluentes.
Por otro lado, el río Lebrija concentra especial atención, particularmente en sectores como Conchal, Vanegas (afectado grandemente hace algunos meses), Venecia, Papayal y San José de los Chorros, donde las crecientes súbitas han causado problemas recurrentes.
Estas zonas requieren monitoreo permanente y activación inmediata de los sistemas de alerta temprana.
Recomendaciones clave para la ciudadanía
La Corporación hace un llamado directo a la comunidad, especialmente a quienes viven cerca de ríos y quebradas.
Las recomendaciones principales son:
• Monitorear constantemente los niveles de los cuerpos de agua y estar atentos a cualquier señal de creciente súbita.
• Evitar arrojar residuos sólidos en vías y fuentes hídricas para prevenir taponamientos y represamientos.
• En zonas rurales, retirar material vegetal que pueda obstruir el flujo normal del agua.
• En zonas de ladera, vigilar posibles movimientos en masa y reportar de inmediato cualquier anomalía a las autoridades.
“La prevención es responsabilidad compartida. Monitorear, no arrojar basura y mantener limpias las quebradas puede marcar la diferencia entre una alerta controlada y una emergencia”, enfatizó Jesús Evelio Sánchez Sánchez, coordinador de Gestión del Riesgo de la CDMB.
Alcance en otros municipios de Santander
Aunque el énfasis está en el área de influencia de la CDMB, los lineamientos se extienden al resto de municipios de Santander.
Las administraciones municipales, mediante sus oficinas de Gestión del Riesgo, deben articularse con el gobierno departamental y participar en los consejos territoriales de gestión del riesgo para poder contar con los conocimientos y herramientas necesarias para responder de manera oportuna ante las posibles emergencias que se puedan presentar.
La entidad invitó a la ciudadanía a mantenerse informada a través de los canales oficiales de la CDMB y los sistemas de alerta temprana.
“La gestión del riesgo no es solo de las autoridades: cada ciudadano puede contribuir evitando acciones que agraven los impactos”, señaló el director general de la entidad, Juan Carlos Reyes Nova.