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Niños de Bucaramanga escriben cartas para familias afectadas por el terremoto

Son cartas llenas de dibujos, mensajes de ánimo y palabras de esperanza que acompañarán las ayudas humanitarias.

Captura video LA FM Con mensajes de cariño, niños de Bucaramanga acompañan a familias afectadas por el terremoto

Con lápices, colores y unas cuantas hojas, y en medio de las toneladas de ayudas que desde Bucaramanga se están preparando para las familias afectadas por el terremoto, hay un aporte que no pesa, no se puede comprar y probablemente será uno de los más difíciles de olvidar: las cartas que un grupo de niños escribió para los damnificados.

Mientras los adultos organizaban alimentos, agua, cobijas y elementos de primera necesidad en Neomundo, los pequeños decidieron sentarse frente a una hoja en blanco y pensar en las personas que, después del terremoto, tuvieron que enfrentar el miedo, las pérdidas y la incertidumbre.

Con sus propias palabras comenzaron a escribir. Algunos hicieron dibujos, otros dejaron mensajes de ánimo y hubo quienes simplemente quisieron enviar un deseo para que las familias afectadas pudieran salir adelante. No conocían a quienes recibirán esas cartas, pero encontraron una manera de sentirse cerca de ellos.

Para estos niños, ayudar no significaba solamente entregar algo material. Querían que dentro de los kits humanitarios también viajara un pedacito de cariño desde Bucaramanga hacia las zonas donde hoy muchas familias necesitan una palabra de aliento.

Cada hoja refleja la manera en que los niños entienden una tragedia: desde la empatía, la ternura y el deseo de que otras personas puedan volver a sonreír. Sus mensajes fueron escritos sin discursos preparados, simplemente dejando salir lo que sentían al saber que otros niños y adultos estaban pasando por momentos difíciles.

Y mientras escribían, también hicieron una pregunta que resume el espíritu de esta iniciativa: ¿qué podríamos decirle a alguien que lo perdió todo para que sepa que no está solo?

Los niños escriben las cartas con amor

La respuesta quedó plasmada en las cartas. Palabras sencillas, dibujos llenos de color y mensajes que buscan acompañar a quienes quizás, en medio de la emergencia, necesitan recordar que al otro lado hay personas que están pensando en ellos.

Las cartas serán empacadas junto con las ayudas que se recolectan en Neomundo. Así, cuando una familia reciba uno de estos kits, no encontrará únicamente alimentos o elementos necesarios para afrontar estos días; también podrá encontrarse con el mensaje de un niño que, desde Santander, quiso regalarle un momento de esperanza.

Hay algo especialmente conmovedor en este gesto: los niños no tienen la solución para reconstruir una casa, recuperar una pertenencia o reparar los daños que dejó el terremoto, pero sí entendieron que podían hacer algo.

Con lápices de colores y unas cuantas hojas, construyeron un puente entre Bucaramanga y las comunidades damnificadas. Un puente hecho de palabras que viajarán junto con las ayudas humanitarias hasta llegar a manos de personas que probablemente nunca conocerán a los pequeños autores de esos mensajes.

Para quienes están trabajando en la recolección, estas cartas también se han convertido en un recordatorio de que la solidaridad no siempre se mide por la cantidad de dinero donado o por el número de cajas entregadas. A veces también se mide por el tiempo que alguien dedica a pensar en el dolor de otro.

Es posible que para un niño escribir una carta parezca un gesto pequeño. Pero para una familia que atraviesa una emergencia, abrir un paquete y encontrar un mensaje escrito especialmente para ella puede convertirse en un instante de alivio.

Las cartas van con las ayudas

Por eso, entre las ayudas que salen de Bucaramanga hacia las zonas afectadas, viajarán también estas pequeñas historias. Historias escritas con letra de niño, con dibujos hechos a mano y con un sentimiento enorme: el deseo de que quienes hoy sufren sepan que, aunque estén lejos, hay corazones que están con ellos.

Y quizás ese sea el mensaje más poderoso que llevarán estos pequeños: que después del miedo también puede llegar la esperanza, y que una simple carta, escrita desde el corazón de un niño, puede convertirse en un abrazo para una familia que hoy necesita sentirlo.