En Santander, según registros de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), puede haber hasta cinco mil personas desaparecidas, cifras consignadas en el Registro Único de Víctimas.
Aunque desde la Unidad se realizan labores minuciosas en varias zonas de Santander, la situación se ha complicado por movimientos en cementerios, como en Bucaramanga, donde hace años se confirmó el traslado de restos sin identificar, lo que generó una alerta.
Una de esas familias es la de Carmenza Landázabal Rosas, estudiante desaparecida por el Estado en octubre de 1988, de la que nunca se volvió a saber. Desde entonces, el entorno cercano de Carmenza inició un recorrido que aún no termina: sigue desaparecida 37 años después, cuando se encontraba en compañía de Osvaldo Gómez, estudiante de Economía de la Universidad del Atlántico.
Y aunque nada le da tranquilidad a la familia de Carmenza, fue un alivio recibir hace algunos días el título póstumo como trabajadora social, otorgado por la Universidad Industrial de Santander (UIS).
Este título póstumo representa un reconocimiento a su vocación social, su liderazgo estudiantil y su compromiso con la defensa de los derechos humanos y la transformación social, indicaron voceros de diferentes ONG que participaron en la ceremonia.
Carmenza cursaba octavo semestre de Trabajo Social cuando fue desaparecida junto con su compañero. De acuerdo con su hermano, Hernando Landazábal, la joven tuvo un papel destacado dentro del movimiento estudiantil de la época. “Carmenza significó mucho para el movimiento estudiantil. Fueron años muy duros, entre 1984 y 1990, donde desaparecieron muchas personas y asesinaron a varios líderes”, recordó.
El familiar también destacó el impacto que ha tenido la desaparición en su entorno más cercano, especialmente en su madre, quien falleció hace 11 años sin conocer el paradero de su hija. “Para los padres es muy difícil, porque no se sabe dónde están. Mi mamá siempre soñó con tener el diploma de mi hermana en la casa, y en honor a ella comenzamos esta gestión”, explicó.
La entrega del título póstumo se logró tras años de insistencia por parte de familiares, organizaciones sociales, abogados y sectores del movimiento estudiantil, que impulsaron el reconocimiento institucional de Carmenza Landazábal.
Muchas preguntas sin respuestas
Aura María Díaz, integrante de la organización Guardianes de la Memoria, señaló que durante décadas han acompañado el caso sin obtener respuestas por parte de las autoridades judiciales. “Se enviaron derechos de petición y se realizaron múltiples gestiones, pero la Fiscalía no ha dado resultados frente a la investigación ni a la búsqueda”, afirmó.
Díaz también indicó que actualmente se mantiene la expectativa frente a los procesos de identificación de restos hallados en fosas comunes, con la esperanza de esclarecer el paradero de Carmenza y otras personas desaparecidas en ese periodo.
La líder social recordó que Landazábal no solo era estudiante, sino también una mujer comprometida con las comunidades más vulnerables. Participaba activamente en procesos de solidaridad, recolectando ayudas y visitando barrios populares, especialmente en el norte de Bucaramanga.
Finalmente, organizaciones de derechos humanos resaltaron que este tipo de actos constituyen avances en la construcción de memoria histórica y en el reconocimiento a estudiantes de universidades públicas que fueron víctimas de desaparición forzada en el país.
A pesar del homenaje, el caso de Carmenza Landázabal Rosas continúa sin esclarecerse, y su familia sigue exigiendo verdad y justicia.